Los distintos ritmos de la recuperación económica a lo largo y ancho del planeta marcan las agendas y "pasos" de los bancos centrales que son, en primera y última instancia, el factor determinante en el comportamiento de las divisas para lo que queda de año (y seguramente más allá). Los tipos seguirán siendo muy bajos, o incluso negativos, para apoyar al crecimiento y seguirán presionando los ratios cambiarios.
La "guerra de divisas", que ha pasado a un segundo plano ante la irrupción de la crisis helena, "sigue siendo una característica de la política monetaria y los países que están significativamente expuestos al entorno de comercio global continuarán buscando la devaluación de sus monedas", subrayan desde ETF Securities.
Como resultado de esta tendencia, hemos asistido a un "desempeño relativamente pobre de las divisas ligadas a las materias primas y esperamos que este comportamiento continúe en el corto plazo", afirman estos expertos.
Por otra parte, aunque prevén que la agitación siga siendo una característica de este mercado, también se declaran optimistas "sobre el dólar en el medio plazo, a la espera de una política más restrictiva por parte de la Reserva Federal (Fed) a finales del tercer trimestre. Creemos que cualquier debilidad es una buena oportunidad para establecer posiciones largas".
Y es que, destacan, probablemente el euro y el yen sean las monedas más bajistas, ya que sus respectivas autoridades monetarias, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BoJ por sus siglas en inglés), están comprometidas con programas agresivos de flexibilización cuantitativa (QE) y esto probablemente mantenga bajo presión a ambas divisas.