Desde hace un tiempo, la posibilidad de que Mario Dragui abandone el Banco Central Europeo (BCE) para capitanear el proceso de reforma en Italia es un rumor que se ha instalado en las principales plazas bursátiles europeas. La "bomba" saltaba la pasada semana cuando el banco de inversión Saxo Bank lanzaba sus previsiones de riesgo para el próximo año.
Bajo el título de posibles "cisnes negros" durante 2015, los analistas de Saxo Bank señalaban el que el responsable de la política monetaria europea abandonase el el BCE para volver a la política italiana. En concreto, los especialistas remarcaban que el papel de Draghi al frente del banco central podría haber llegado a su fin. El economista jefe de Saxo Bank, Steen Jakobsen, afirmaba que "es probable que Draghi haya alcanzado el límite de lo que puede hacer".
¿La sorpresa de 2015?
El informe también indica que de producirse la salida de Mario Draghi, sería la "verdadera sorpresa el próximo año". Además, apuntan a que su salida estaría ligada a la política italiana si "Renzi y Napolitano pidieran a Draghi que volviera a casa para salvar el proceso de reforma y garantizar un mandato con amplio respaldo para que Italia salga por fin del bache y que Jens Weidmann asuma la presidencia del BCE en un acuerdo de quid pro quo que lleve al Bundesbank a permitir un leve programa de relajación cuantitativa bajo la supervisión de un presidente alemán y no de un miembro de los países mediterráneos".
Jens Weidmann es el actual presidente del Bundesbank y desde la llegada de Mario Draghi al BCE, las dos instituciones mantienen un pulso sobre las medidas adoptadas por el italiano. Y es que el Bundesbank no se ha molestado en ocultar sus discrepancias con el BCE. La reticencia por parte de Alemania viene, tal y como apunta el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), las medidas que adopta Draghi estarían destinadas a favorecer a economías como Francia e Italia.