El año pasado por estas fechas, los dirigentes europeos celebraban una de las cumbres más extensas de la historia del club comunitario. En ella, debatieron si la propuesta de Ursula von der Leyen se aplicaría en su totalidad, con cambios o, por el contrario, si el plan se iba a quedar en una mera declaración de intenciones.
El resultado fue un acuerdo intermedio: en lugar de 500.000 millones de euros en ayudas directas y 250.000 millones en préstamos, se acordó transferir 390.000 millones y prestar 360.000 millones. De esa cantidad, España recibiría 140.000 millones en total, divididos a partes (casi) iguales entre ayudas a fondo perdido y créditos.
Con el entusiasmo en el Gobierno español aún reciente, se trató de elaborar unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2021 que continuaran esa senda. En octubre, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que los Presupuestos incluirían un «importante adelanto» de los fondos europeos para ir poniendo en marcha el Plan de Recuperación.
No obstante, las estimaciones del Gobierno han ido chocando con la realidad durante estos meses. En primer lugar, se incluyó en los Presupuestos una partida de 27.000 millones de euros procedentes de los fondos europeos. El anuncio se produjo como una especie de agasajo para aprobar los PGE, si bien los meses han acabado desmintiendo las pretensiones de Sánchez.
Según explicó la semana pasada la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, la cantidad de dinero que llegará este año ascenderá a 19.000 millones, un 30% menos de lo esperado. Según Calviño, se efectuarán dos pagos durante este año: el primero, este mismo verano, de 9.000 millones de euros; y el segundo, durante la segunda mitad del año, de 10.000 millones, aunque eludió concretar en qué fecha estará disponible el dinero.