Las heridas que continúa dejando la inflación alcanza a un sector que, en pocas ocasiones, se salva de las peores consecuencias. Las pequeñas y medianas empresas están siendo una de las grandes perjudicadas del bucle inflacionista, muy por encima de aquellos negocios de mayor tamaño que lo enfrentan con un respaldo económico mucho mayor.
El barómetro publicado por la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME), muestra la delicada situación que están viviendo la gran mayoría de estas empresas. Mientras que el 95% de estas han visto sus cuentas gravemente afectadas, el 60% asegura que su estado es altamente preocupante, obteniendo unos beneficios prácticamente inexistentes.
Una sucesión de acontecimientos que ha provocado que las pymes se vean obligadas a aumentar los precios de cara a su clientela. Un declive histórico, que ha supuesto los elevados costes de producción, la subida de los suministros, la luz o el carburante, creando de este modo, una fuerte incertidumbre entre miles de negocios que no tienen claro su futuro a corto y medio plazo.
Imposible competencia con el gran comercio
Resulta incongruente comparar una pyme con una compañía de mayor tamaño, y ya no solo por la envergadura económica que respalda a unas y a otras, sino también por el asesoramiento jurídico y financiero que unas y otras reciben. Es imposible que, ante semejante opresión, el pequeño y mediano negocio no se vean obligados a subir sus precios para, sino compensar, al menos contrarrestar las pérdidas, situándoles una posición que inevitablemente se verá afectado en sus ventas.
Teniendo en cuenta que el 99% del tejido productivo español son pymes, ante un escenario como este, la situación se vuelve cada vez más siniestra. La patronal misma, declaraba esta semana que la inflación está deteriorando los márgenes empresariales de estas, afectando su viabilidad.