Los máximos dirigentes empresariales y políticos iberoamericanos se reúnen en el Principado de Andorra para analizar la respuesta conjunta de sus países. Con diferencias, las empresas de un lado y otro del Atlántico afrontan una crisis sanitaria que ha devenido en crisis económica y que ha puesto de relieve las debilidades de todos.
La secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, destacó durante la inauguración este lunes que el virus «ha tenido efectos diferenciados entre países y también en el interior de los mismos». Eso quiere decir que la crisis ha golpeado más a unos países que otros, en función de sus características y capacidad para dar respuesta. «La coyuntura se ha encontrado con la estructura», aclara Grynspan, en referencia a los «déficits estructurales» que han aflorado.
Entre ellos, la secretaria general menciona la economía informal, las desigualdades, la pobreza, así como las diferencias entre la asistencia pública, tanto a nivel sanitario como en protección social. No obstante, cree que esta crisis será un punto de partida para que lo público se revalorice, en particular la acción conjunta que hacen la ciudadanía, los gobiernos y el sector privado.
Antonio Garamendi, presidente de CEOE, también hizo alusión a la «multitud de retos» que existen incluso para la celebración de esta XIII Cumbre Iberoamericana. En todo caso, como a la propia crisis, las organizaciones se han sobrepuesto y, en particular, Garamendi alaba el comportamiento de las empresas, por su «esencial contribución en la creación de empleo».
Durante su intervención, el líder de la patronal española ha pedido «responsabilidad» a los dirigentes políticos para que ejecuten su liderazgo de una forma comprometida y transparente con la sociedad. En este contexto de crisis, Garamendi cree que «no es solo un obstáculo», sino que representa una «oportunidad para hacer las reformas e inversiones necesarias para hacer la región más competitiva, resiliente y sostenible».