Los dirigentes de todas clases, de grandes empresas y pequeñas, privados y públicos, casi se han acostumbrado a gestionar en un entorno de incertidumbre. La invasión de Ucrania por parte de Rusia añade otro cisne negro a los que ya afronta el mundo en esta tercera década del tercer milenio.
No está de más recordar que, antes de todo, una guerra tiene consecuencias humanitarias. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ponía esto por delante al hablar de los efectos de la guerra: «La guerra en Ucrania está provocando una trágica pérdida de vidas y sufrimiento humano».
Pero, para el resto de países que no están implicados en la guerra, también hay consecuencias. El último análisis del organismo internacional subraya la «incertidumbre extraordinaria» que supone la ocupación, y advierte de que no hay que esperar para afrontar unas consecuencias económicas que «ya son muy graves».
Como se ha registrado durante estos días, la energía, los alimentos y las materias primas son los primeros productos que han sufrido un encarecimiento. Esto agudiza las presiones inflacionarias que ya sufría el mundo.
Impacto en 2021
No es un asunto menor, ya que se estima que la producción del sector manufacturero podría haber sido un 6% mayor en 2021 si no se hubieran producido problemas como el repunte de los precios derivados de la pandemia o los trastornos en la cadena de suministro.