En política, para conseguir algo hay que ceder. Por eso, de la consigna «Derogar la reforma laboral» que enarbolaba el Gobierno cuando tomó las riendas del país ha acabado quedando muy poco. En lugar de eso, se modifican un puñado de aspectos que, no obstante, tienen una importancia notable en el funcionamiento del mercado laboral.
Para analizar cómo se ha desarrollado la negociación hace falta considerar varias cosas. La primera, que la modificación de la legislación laboral era un objetivo del Gobierno, pero también una exigencia de la Comisión Europea para aflojar su bolsillo. El propósito del Gobierno excedía con mucho al de Bruselas, que pedía reformas para atajar la elevada temporalidad del mercado laboral español. En cualquier caso, España se comprometió a presentar una reforma consensuada con las empresas y los sindicatos a cambio de 12.000 millones de euros.
Ese es otro de los aspectos que hay que observar. Para el Gobierno actual, ponerse de acuerdo con los agentes sociales no es algo inédito, puesto que suman una docena de pactos. La novedad estriba en que la legislación laboral se ha impuesto sin consenso desde que comenzó la democracia. Desde la primera reunión, en marzo de 2021, los diferentes miembros de la negociación han ido modificando sus posturas, si bien en sus manifestaciones públicas han pasado por estados tan dispares como la serenidad, el enfado, la inquietud o las amenazas.
En ese sentido, hay que tener en cuenta que dos de los participantes de este juego de tres estaban más o menos de acuerdo pero uno de ellos no. Las empresas, con la CEOE de Antonio Garamendi y Cepyme al frente, se han echado las manos a la cabeza varias veces cuando escuchaban a Yolanda Díaz decir que su objetivo era «derogar la reforma laboral». La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social ha tenido la suficiente mano izquierda como para ceder, al igual que han hecho el resto de los implicados.
La pega que se puede poner a este logro es que los sindicatos y las empresas no tienen la potestad de legislar. En otras palabras: la nueva norma tiene que pasar por el Congreso de los Diputados, por lo que cabría esperar que se modifiquen algunos aspectos para conseguir los apoyos políticos necesarios.