A diferencia de la crisis de 2008, la banca se encuentra ahora en disposición de ayudar a resolver los problemas, más que de agravarlos, como en aquel momento. “Estamos preparados para asumir problemas”, dice José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca, ante las provisiones y dotaciones que ha realizado el sector para facilitar liquidez a empresas y particulares.
¿Qué papel pueden jugar ahora las entidades financieras? ¿Deben renunciar los bancos a repartir dividendos para poder facilitar un mayor volumen de crédito en favor de la economía? ¿Se necesita un mayor volumen de avales públicos? ¿Tendrá consecuencias la digitalización de los usuarios en las plantillas de los bancos?
“Si no fuera por los bancos estaríamos en una situación mucho más desesperada”, afirmó Roldán en una rueda de prensa virtual este jueves. “¿Qué hubiera pasado con la economía si no hubiéramos estado en posición de poner liquidez? ¿Qué hubiera pasado con las familias y las empresas?”, se pregunta Roldán, en referencia a la mala fama que se ganó el sector en la anterior crisis.
El Banco Central Europeo recomendó al comienzo de esta crisis que los bancos se guardaran de distribuir dividendos a sus accionistas, dado que esos fondos se necesitarían para dar liquidez a la economía. Además, ha supuesto uno de los principales aliados del Gobierno a la hora de lanzar diferentes planes de estímulo y alivio a la economía. Por un lado, los bancos se hicieron cargo del adelanto de las prestaciones por ERTEs, además de facilitar la concesión de créditos avalados por el ICO hasta un límite de 100.000 millones.
Roldán explica con respecto a estas cuestiones que lo importante es no cometer errores, más que poner en marcha medidas nuevas. “De momento, los errores de mayor contenido se han evitado”, dice Roldán con alivio. Por otra parte, se queja de que la banca “sea la única industria que no puede repartir dividendos”, por lo que pide que se realice un análisis discriminatorio en el que se separen aquellas entidades que no puedan repartirlos de las que sí pueden. Insiste en que los propios bancos son conscientes de sus posibilidades y que “se debe dejar libertad a las empresas para decidir cuándo pagar o no”.