La reaparición de los temores de recesión en Estados Unidos es uno de los motivos que han lastrado los mercados financieros durante los últimos meses. Los primeros datos disponibles sobre la actividad del mes de enero parecen descartar ese riesgo a corto plazo, pero con la publicación de los decepcionantes índices PMI avanzados para el mes de febrero, no cabe duda de que el tema seguirá rondando la mente de gran número de inversores. No obstante, el peso reducido del sector industrial en la economía no debe ser motivo de descartar de un plumazo las señales emitidas por ese sector. Aunque solo represente un 15% del PIB, la industria contribuye casi en un 30% a la volatilidad del crecimiento económico. Por tanto, es uno de los sectores de los que hay que estar pendientes imperativamente; por eso tiene tanta importancia el ISM manufacturero.
Sin embargo, la historia demuestra que para pronosticar una recesión con una fuerte probabilidad, el ISM manufacturero, especialmente el componente de nuevos pedidos, debe alcanzar niveles mucho más bajos. La probabilidad solo empieza a ser importante cuando el valor del índice cae por debajo de 45.
Muchas veces, además del nivel de los indicadores, hay que tener en cuenta su variación; aun así, una fuerte caída del índice ISM manufacturero no va seguida sistemáticamente de una recesión. En efecto, frecuentemente los ciclos del sector industrial tienen una duración más breve que el conjunto de la economía y en el transcurso de una fase de expansión económica se pueden producir varias correcciones.
La debilidad actual del sector industrial se explica fundamentalmente por dos razones:
1. la corrección de un alto nivel de existencias en varios sectores;