Los efectos del coronavirus en el mercado laboral han provocado una crisis sin precedentes. Aproximadamente, 21,4 millones de empleos han sido destruidos en tan solo dos meses, eclipsando los 22,4 millones de empleos creados tras la gran recesión de 2008. En comparación, en esta última crisis, se destruyeron 8,5 millones de empleos en 25 meses, durante período comprendido entre febrero de 2008 y febrero de 2010.
Las consecuencias de la crisis en los distintos sectores también es muy distinta en esta ocasión. Mientras que en la crisis de 2008 la pérdida de empleo estuvo repartida entre el sector manufacturero y la industria de servicios, la actual pérdida de empleo se concentra en el sector servicios con un 84%. Así, los sectores más afectados son el transporte y el almacenamiento, los servicios profesionales y comerciales, el comercio mayorista y minorista, el ocio y la hostelería y la educación y la salud. Como consecuencia, la tasa general de desempleo aumentó de 3,5% en febrero a 14,7% en abril de este año.
«Sin embargo, el mayor riesgo derivado del shock del mercado laboral estadounidense no es tanto el aumento del desempleo en sí mismo, sino más bien la posibilidad de que la evolución del mercado laboral durante la crisis traiga consigo consecuencias permanentes, provocando un aumento del desempleo estructural», Agnieszka Gehringer, analista senior de Flossbach von Storch Research Institute.
Otro problema
