Un tropezón al ir mirando unos papeles, un golpe con el pico de una mesa, un pequeño corte al abrir un sobre… son cosas que le pueden ocurrir a cualquier persona en su día a día laboral.
Independientemente de lo seguro y protegido que esté nuestro puesto de trabajo, nadie está exento de tener un incidente de este tipo por pequeño que sea. Por eso, que la empresa cuente con un botiquín es elemental.
En realidad, tener uno no es una simple recomendación, es una obligación legal para todas las compañías sin importar el tamaño de la misma. También «el contenido de un botiquín de empresa en España está regulado por ley, y varía en función del número de trabajadores y del tipo de actividad que se realice», explica Javier Gilsanz, enfermero y director de Medycsa, compañía especializada en Servicios Sanitarios, perteneciente a Quirónprevención.
Un botiquín básico debe contener antisépticos, gasas estériles, algodón, vendas, apósitos, esparadrapo, pinzas, tijeras, guantes desechables y suero fisiológico. Este material se incrementará según la actividad de la empresa. «Si hay riesgo de cortes, quemaduras, productos químicos, etc., se pueden añadir elementos específicos (como geles para quemaduras o colirios)», comenta el experto.
También variará la cantidad de equipamientos necesaria en función del número de empleados y del tamaño físico de las instalaciones. Así, en centros grandes o que tengan varias plantas, será necesario que haya varios y estén estratégicamente distribuidos.