El coronavirus ha dejado al borde del precipicio a miles de empresas y ha destruido otras tantas. Las que aún sobreviven se enfrentan a una drástica bajada de sus ingresos y a la incertidumbre de no saber si finalmente tendrán que echar el cierre definitivo. El optimismo no forma parte de la ecuación actual y así lo refleja el sondeo realizado por la consultora KPMG y la patronal CEOE, que arroja que el 62% de los empresarios considera que la recuperación no será un hecho hasta 2022.
Un sector como el comercio de proximidad, considerado esencial durante esta pandemia, ha sido uno de los más golpeados, junto a turismo y hostelería, tanto en el periodo del confinamiento como en la «nueva normalidad» y los peores pronósticos apuntan a convertirse en realidad. De hecho, el verano se veía como un estímulo para la dañada economía de estos empresarios, pero finalmente no ha sido así, debido a la falta de turistas, la ralentización del consumo en la época estival, así como por la «nefasta» campaña de rebajas, unos aspectos que han empeorado su situación. De hecho, la facturación del comercio ha bajado alrededor de un 50% respecto al año anterior. Con todo ello, el otoño parece que no restará incertidumbre, sino que, incluso, les puede llevar a bajar la persiana.
La Confederación Española de Comercio (CEC) ha alertado de la situación «crítica» que atraviesa el comercio minorista y ha advertido de que, si no se adoptan medidas efectivas, el 30% de los establecimientos comerciales podrían quebrar antes de final de año, lo que se traduce en 120.000 locales. Además, recalcan en sus últimas previsiones que el 15% de los que cerraron por la pandemia no ha abierto todavía.
¿En qué punto se encontraba el sector antes de la pandemia? El presidente de la CEC, Pedro Campo, cuenta en una entrevista con Dirigentes que estos negocios estaban en un momento de reconversión: trabajando en proyectos de digitalización, otros adaptándose a los nuevos hábitos de los consumidores, mejorando la gestión comercial o pensando en tener tiendas online. No obstante, comenta que hay varios subsectores dentro de esta actividad y, por ejemplo, no estaban en el mismo contexto la alimentación que el calzado o textil. Indica que muchas tiendas de barrio estaban en un «periodo de supervivencia». Es por ello que tenerlas cerradas dos o tres meses sin obtener ningún ingreso, «ha sido un mazazo».