Tras unos años en los que las pymes españolas se han visto fuertemente afectadas por la situación económica, los datos apuntan a un cambio de tendencia. Según una encuesta realizada por CEPYME (Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa), en 2018 el 55,8% de las pymes tiene expectativas de aumentar sus ventas mientras que el 41,4% cree que se mantendrán y tan sólo un 2,8% piensa que se reducirán.
En este contexto, la internacionalización y la innovación se presentan como aspectos cruciales en la estrategia de muchas empresas españolas. Sin embargo, la falta de financiación es uno de los principales escollos a los que se enfrentan las empresas a la hora de planificar su crecimiento.
En este sentido, a pesar de que el 74% de las pequeñas y medianas empresas acuden a los bancos como principal fuente de financiación, son también las que más dificultades tienen para acceder a los productos financieros bancarios ya que el 11% de ellas ve denegada su petición de financiación. Además, este tipo de financiación implica, en general, mayores restricciones para las compañías, especialmente en los momentos difíciles para la empresa o de contracción económica en general.
La internacionalización y la innovación se convierten así en objetivos que quedan muy lejanos en algunos casos. Para ello, muchas compañías optan por buscar vías alternativas de financiación que les permitan expandir sus capacidades empresariales. Entre todas las opciones, la que va ganando cada vez más adeptos, junto con la opción de dar entrada a un fondo de capital riesgo, es la de dar el salto y comenzar a cotizar en mercados de valores pensados específicamente para pymes.
Aunque a simple vista puede suponer un gran cambio, acceder al mercado de valores tiene varias ventajas para una pyme. Por un lado, la compañía accederá a un pool de inversores que pueden estar interesados en hacer crecer el negocio. De esta manera, aumenta su visibilidad a la vez que se proporciona la financiación necesaria para desarrollar el negocio a su máxima potencia, proporcionando liquidez a los accionistas. En algunos sectores concretos, como el tecnológico, esta visibilidad puede impulsar no solo a las compañías cotizadas sino a todo el sector español, ya que accedería a una esfera en la que se concentran los mayores inversores internacionales del ámbito de las tecnologías.