Durante la crisis, una de las principales críticas contra el sector financiero se dirigía hacia sus políticas de concesión de crédito. Así, varios economistas criticaban que se hubiesen concedido préstamos sin ninguna garantía de cobro durante los años de bonanza, para después restringir al máximo las condiciones de acceso a financiación.
Esto ha significado un freno importante tanto para las empresas, pequeñas y grandes, como para los hogares y ha generado consecuencias que se han dejado notar en el consumo, el sector hipotecario, el mercado laboral y la inversión. Sin embargo, la recuperación paulatina de algunos de esos indicadores, sumada a la reducción de la morosidad, está llevando a las entidades a relajar sus estrictas políticas de préstamo, lo que está a su vez reactivando la economía real.
En el caso de aquellos que estén pensando en afrontar un desembolso de grandes proporciones, como la compra de una vivienda o un vehículo o una inversión empresarial, el tercer trimestre de este año puede ser el adecuado para solicitar un crédito para sufragarlo. Así lo afirma la Encuesta sobre Préstamos Bancarios elaborada por el Banco de España para este trimestre, en el que prevé que las condiciones para la concesión continúen suavizándose.
De hecho, el informe de la institución constata que los criterios de aprobación de préstamos bancarios y las condiciones generales aplicadas a los créditos se relajaron ligeramente durante el segundo trimestre del año, tanto en España como en la zona euro. Sin embargo, es en España donde las condiciones de acceso a financiación se relajaron con mayor intensidad, especialmente en el caso de la financiación a las familias para consumo y otros fines y en el de los préstamos a empresas.
La encuesta del Banco de España destaca que la demanda de crédito de los hogares creció en ambas zonas entre abril y junio, siendo el ascenso significativamente más intenso en España en el caso de los fondos destinados a consumo y otros fines distintos de la adquisición de vivienda, mientras que las solicitudes de crédito de las empresas solo se incrementó en la eurozona, permaneciendo estable en España.