Es la pregunta que muchos inversores se hacen después de la reciente subida de los precios. Aunque depende de muchos factores, se trata de una barrera psicológica que el mercado se ha marcado en el horizonte.
La última vez que el petróleo cotizó por encima de 100 dólares por barril fue a principios de septiembre del año 2014. A partir de ese momento, el exceso de oferta precipitó una caída en los precios que llegó a perforar los 30 dólares a principios del año 2016. Fueron los productores americanos con la novedosa técnica del fracking los que inundaron el mercado de oferta y precipitaron este desplome en los precios.
Durante esos años EEUU pasó de ser un país que necesitaba importar para satisfacer sus necesidades de producción, a ser autosuficiente, y volver a exportar después de más de tres décadas sin hacerlo. El desplome del petróleo también hizo tambalear los mercados de renta variable, ya que los inversores entienden que una reducción de demanda se traduce en una menor actividad industrial y un menor crecimiento.
Las principales razones que han impulsado la recuperación de los precios en los últimos dos años han sido la interrupción de los productores norteamericanos que realizaban la novedosa técnica del fracking, ya que es un método de extracción muy caro, que necesita de unos precios más altos para ser rentable, y el acuerdo entre los principales países de la OPEP y Rusia.
Este acuerdo al principio no gozó de la credibilidad de los inversores, sin embargo, el paso del tiempo ha servido para poner de manifiesto la unidad de los miembros de la OPEP demostrando que los recortes han logrado limitar el mercado de la oferta, mientras que la demanda ha permanecido constante. En estos momentos nos encontramos en un escenario en el que la OPEP y sus socios está tratando en ir aumentando la producción de petróleo, sin que tenga un impacto negativo en los precios.