La promesa de una revolución plena en el sector de las telecomunicaciones de la mano de la tecnología 5G parece que, por el momento, son solo eso, promesas. Oportunidades asombrosas de negocio, avances médicos, la tecnología más puntera jamás vista o una veloz conectividad, son algunas de las bondades que esta industria prometía. Pero ni las inversiones multimillonarias de los grandes operados ha logrado sacar a flote el 5G.
El desafío que planteaba la tecnología 5G, puso a la sociedad en alerta ante lo que prometían que iba a cambiar el curso de la humanidad. Sin embargo, no solo no existen negocios que avalen este avance, sino que desde la inversión inicial de las grandes operadoras estadounidenses T-Mobile, Verizon y AT&T, ningún otro gigante ha vuelto a poner dinero en el proyecto.
Convencer al consumidor de que la quinta generación de la telecomunicación es el futuro, no está siendo tarea fácil. El beneficio no tangible que la nueva tecnología supondría, sumado a otras teorías que rodean el proyecto, está logrando ensombrecer el desafío que supondría ponerla en marcha.
En contra del 5G
A la revolución del 5G le han salido detractores. Cuando se pensaba que esta revolucionaria tecnología “sería la panacea universal”, últimamente no ha parado de sumar adversarios que aseguran incluso que podría ser una de las fuentes propagadoras de la Covid o que su radiación podría ser perjudicial para la salud.