La matizada buena noticia de que la variante ómicron no se ha comportado con la virulencia esperada. Los síntomas son de menor entidad en la mayoría de las personas, de ahí que las hospitalizaciones, los ingresos en UCI e incluso los fallecimientos, por el efecto vacuna y sus refuerzos, sean menos intensivos que en olas pasadas de la Covid.
La mala, es que, a pesar de que los virólogos nos dicen que estamos evolucionando de pandemia a epidemia, posiblemente recurrente todos los años, el contagio es tan exponencial que los efectos económicos ya no van dirigidos solo en una dirección, sino en dos.
Primer efecto de la variante ómicron
La primera, evidente, que veremos con los datos de crecimiento de la última parte del año el próximo 28 de enero. Una esperada ralentización ante la vuelta de las restricciones en muchas Comunidades Autónomas y en especial en tres sectores fundamentales: hostelería, ocio y turismo.
Aunque no son los únicos, el cierre del ocio nocturno en algunas regiones y la imposición de horarios en otras, para evitar más exposición a los contagios se ha convertido en una rémora para este sector, que esperaba unas Navidades de recuperación tras el daño de la crisis pandémica, con cierres obligados y limitaciones de aforo. Las primeras cifras con menor nivel de venta anticipada y una estimación de facturación anual en torno al 60% de hace dos años.
En el caso de la hostelería, también se produce daño sobre daño. Desde la Confederación Empresarial de Hostelería se calcula que las pérdidas en estas fiestas pueden alcanzar, en todo el sector, unos 1.500 millones de euros. Desde las cancelaciones para cenas de empresa, celebraciones familiares y obligaciones de cupos en interior en ciertas CCAA han terminado por quebrar a la hostelería que esperaba una recuperación importante en estas fechas. En todo el año prevén que habrán perdido del orden de 40.000 millones de euros.