Seleccionar buenas acciones es un arduo trabajo. Por un lado, se necesita un profundo conocimiento del respectivo modelo de negocio para poder evaluar las perspectivas a largo plazo de una empresa con la mayor precisión posible, para sopesar seriamente las oportunidades y los riesgos.
Por otro lado, el factor humano es igual de importante, es decir, las personas que son responsables del bienestar a largo plazo de una empresa. En este sentido, los accionistas no tienen más remedio que vigilar de cerca los consejos de administración de «sus» empresas. Pero ¿cómo? ¿Y qué hay que tener en cuenta?
Por regla general, cuanto más grande es un fondo, por ejemplo, mayores son las participaciones en empresas individuales. Y cuanto más fácil sea para la gestión del fondo acceder a la dirección de la empresa, más fácil será el contacto. En resumen, la puerta está abierta y también los oídos.
En la actualidad, estamos en contacto de forma regular con la alta dirección de casi todas las empresas en las que participamos. Saber qué es lo que «impulsa» a los gestores responsables es una parte central de la evaluación de la inversión en cuestión.
La dirección de la empresa determina (con suerte) la estrategia a largo plazo y da forma a la cultura de una empresa. Reacciona a los cambios de tendencia y a las crisis, desarrolla el modelo de negocio y se adapta. Por lo tanto, nuestras expectativas con respecto a las personas implicadas son muy altas.