En los últimos años ha habido un enorme crecimiento de la demanda de estudios de Formación Profesional debido a la combinación que ofrece entre formación teórica y práctica, que desemboca en unos altos índices de empleabilidad. Según el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop), hasta el 2035 habrá un total de 3,8 millones de ofertas de empleo en el mercado laboral español que se pueden atribuir a este tipo de formación. Tanto es así que, en España, ha crecido en los últimos años situándose como el nivel de estudios que mayor demanda laboral genera, alcanzando la cifra del 42,2%.
Como consecuencia de este auge en la Formación Profesional varias escuelas especializadas en ofrecer este tipo de formación han crecido por toda la geografía nacional, con centros presenciales y una maquinaria de ventas enfocada única y exclusivamente a captar miles de alumnos de todos los ciclos.
Sin embargo, la mayoría de esas escuelas de Formación Profesional se limitan a cumplir con lo establecido por ley. Ninguna de ellas tiene la ambición de hacer las cosas distintas o de formar a esos alumnos para que puedan competir con los estudiantes universitarios.
A nosotros nos parece que es una pena. No tenemos que olvidar que cada año hay miles y miles de alumnos que se decantan por estudiar una Formación Profesional, gente muy comprometida y con muchas ganas de llegar lejos en el ámbito laboral. Pero el problema está en que estos chicos y chicas estudian programas de FP que les va a limitar y les va a colocar en desventaja respecto a los que optan por títulos universitarios.
Es verdad que la inserción laboral es buena, y las estadísticas así lo demuestran, pero también es verdad que los estudiantes de Formación Profesional en general no pueden aspirar a los mejores puestos de trabajo ya que sigue siendo considerada una opción “de segunda”.