Se habla mucho de él, pero ¿llegará el impuesto al CO2 a la Unión Europea?
Uno de los asuntos que se trataron en la última reunión de los Ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea (ECOFIN), que tuvo lugar en Helsinki los días 13 y 14 de septiembre de este año, fue qué impuestos podían aplicarse a la energía para lograr los objetivos climáticos y medioambientales de la Unión. En septiembre de 2019, la Comisión Europea publicó un informe que evalúa la Directiva 2003/96/CE, como paso previo a su reforma, y señala que las brechas e inconsistencias existentes obstaculizan significativamente los objetivos de energía, clima y transporte de la UE. Ahora bien, hasta el momento no se ha elaborado una propuesta de reforma.
Cabe recordar no obstante que en 2011 ya hubo una propuesta de la Comisión para modificar esta Directiva. En ella se propuso introducir un componente de CO2 en el régimen de la fiscalidad de la energía de la UE, basar la fiscalidad de los productos energéticos en su contenido energético y simplificar el sistema de exenciones y reducciones fiscales. Sin embargo, los Estados miembros no lograron la unanimidad necesaria en relación con los principales elementos de la propuesta, especialmente en lo que respecta a la introducción del componente fiscal basado en el CO2. Por este motivo, en 2015 la Comisión decidió retirar su propuesta. Esperemos que esta vez sí se llegue a un consenso.
¿Cómo se va a cobrar dicho impuesto y a quién?
Ello dependerá de la opción por la que finalmente se decante la Comisión Europea. En caso de optar por una tasa sobre los billetes de avión, el sujeto pasivo será el consumidor final. En caso de incrementarse la fiscalidad de los productos energéticos, la medida impactará directamente sobre los productores de bienes y servicios, así como en sus distribuidores.