El crecimiento económico se ha acelerado en China en 2017 por primera vez desde 2010 impulsado por la recuperación cíclica del comercio mundial. ¿Cuáles son sus perspectivas para este año y para los próximos?
La recuperación china empezó algo antes, en la segunda mitad de 2016, en parte debido al comercio mundial, pero también ha estado impulsada por el consumo doméstico.
China tiene que hacer todavía bastante para mejorar su industria, sus fábricas, para no ser ya más la fábrica barata del mundo. Y está avanzando en esta dirección. Mucha de esta industria se está trasladando a países como Bangladés, India, Sri Lanka y sobre todo Vietnam. En línea con esto, también estamos viendo un aumento de los costes laborales, pues los jóvenes no quieren trabajar más en las fábricas. Por ello, muchas empresas están invirtiendo en I&D y pensamos que esta innovación se va a convertir en un gran soporte para el crecimiento chino. Hay un gran potencial en el sector tecnológico en China, aunque es justo reconocer que se trata de un sector en el que el proteccionismo ha actuado de barrera de entrada para las firmas extranjeras permitiendo crecer y prosperar a las empresas locales.
En cuanto a la composición de su PIB, a día de hoy las exportaciones representan un porcentaje muy pequeño. El sector servicios ha tomado su lugar, convirtiéndose en el gran motor del crecimiento chino y alcanzado más del 50% en lo que a contribución al PIB se refiere. Y este porcentaje crecerá y tiene importancia en temas tan candentes como la guerra comercial. La guerra comercial hará que cada país dependa más de su crecimiento doméstico. En este sentido, China es como un continente, puede conseguir el crecimiento que necesita en su mercado doméstico.
Dicho de forma breve, tenemos un punto de vista positivo sobre China porque estamos asistiendo a una mejora en la calidad del crecimiento del PIB, que depende de la demanda interna y de una industria de más calidad.