Quiere proyectarlo en el campo tributario, en foros globales como el G20 e instituciones internacionales como la OCDE, dada la dificultad para unir a sus Estados Miembros en ese campo. Bruselas batalla por los impuestos ante socios y rivales internacionales, más allá de su guerra comercial con Estados Unidos y China, porque la fiscalidad requiere de la unidad entre los países de la UE y hace años que no la consigue.
Reforma del impuesto de sociedades, introducción de la Tasa Tobin 2.0. y de la Google o lucha internacional contra los paraísos fiscales son medidas bloqueadas dentro de las instituciones comunitarias. La UE discute y trabaja en una amplia batería de reformas sobre estos tributos, pero es incapaz de sacarlas adelante por las discrepancias de sus Estados Miembros.
Bruselas quiere dotar de más recursos a las exangües haciendas públicas de muchos de sus Estado Miembros, al tiempo que combate la baja tributación de importantes industrias asentadas en sus territorios, como la bancaria o la nueva economía digital.
Un informe reciente del Comité de las Regiones de la UE cifra entre 50.000 y 70.000 millones de euros las pérdidas anuales que provocan las estrategias de evasión fiscal en las haciendas públicas comunitarias, cifras que se multiplican hasta por tres si se incluyesen los acuerdos fiscales particulares que las grandes multinacionales mantienen con países como Luxemburgo o Irlanda.
Christophe Rouillon, el ponente del informe para el Comité de las Regiones, afirma que “los Estados Miembros deberían entender que un enfoque conjunto europeo permite más ingresos tributarios y mayor justicia fiscal que los de todas las soberanías impositivas nacionales combinadas y los agujeros que este sistema conlleva”. Rouillon insiste que existe “un apoyo muy sustancial hacia una política fiscal de la UE más ambiciosa” y por eso pide eliminar el principio de unanimidad, porque “la tributación no debería convertirse en el vínculo más débil de la integración”.