Recientemente, la comidilla en los mercados financieros no ha sido ni Trump, ni Corea, ni la guerra comercial, ni siquiera los beneficios empresariales del primer trimestre, sino la subida al 3% de la deuda pública estadounidense a 10 años por primera vez desde principios de 2014, suscitando importantes temores sobre el posible principio del fin de la subida de los mercados de renta variable.
“Y, oh sorpresa, casi al mismo tiempo en que los intereses de la deuda pasaron el mágico umbral del 3%, las acciones estadounidenses comenzaron a bajar, llegando a retroceder un 1,7% respecto del pico intradía de la primera jornada”, reflexiona Lukas Daalder, director y CIO del equipo de Investment Solutions de la gestora holandesa Robeco. Pero “los inversores harían bien en fijarse en el diferencial de tipos de interés a corto plazo y el riesgo divisa entre EE UU y Alemania, que también se sitúa en el 3% y refleja mejor el nivel real de rentabilidad ajustada al riesgo“.
Esta subida de la deuda acompañada de la rebaja de las cotizaciones ha planteado a los inversores el temor sobre el posible principio del fin de la subida de los mercados de renta variable. “Esto se basa en la idea de que los inversores irán apartándose de las acciones, que presentan más riesgo, para disfrutar de la rentabilidad, ahora mayor y más segura, que ofrece la deuda pública estadounidense”, señala Daalder.
Pero, ¿son los intereses de la renta fija un indicador tan importante para vigilar como para determinar el destino de las acciones? “A juicio de algunos, el 3% es el punto en el que el dolor resulta demasiado elevado como para que las acciones mantengan sus valoraciones actuales”, señala Daalder.
Sin embargo, ¿es este hito del 3% tan importante como algunos creen? “Si nos ceñimos a la historia, probablemente la respuesta sea no. Desde 1990, la deuda pública estadounidense ha superado el nivel del 3% al alza en sólo cuatro ocasiones, y la renta variable ha subido de media un 6% durante los dos meses siguientes“, responde.