Si en algo coinciden los expertos, es que el mundo enfrenta un panorama complejo. El binomio pandemia-recesión se ha abierto paso en una combinación que, hasta ahora no había sido analizada, ni figuraba en la hoja de ruta de la desaceleración global. Un enemigo invisible que se ha convertido en la mayor amenaza para la industria de los viajes, especialmente, en países como España, que acusa una caída del PIB turístico superior al 32,4%. Esto se traduce en 55.000 millones de euros, según Exceltur.
Con estos datos que ofrecen una dimensión de la magnitud del problema, solo queda pensar en cómo enfrentar el escenario pos-COVID-19. En este sentido, el socio responsable de Turismo y OCIO de KPMG, Luis Buzzi, habla de «modelos de proyección de recuperación desiguales». Es decir, si se tiene en cuenta que todo depende del curso que siga la enfermedad y de que se va a llevar a cabo un desconfinamiento gradual, la hostelería puede ser una de las menos afectadas por esta situación dentro del sector, tal y como subrayó Buzzi en una videoconferencia organizada por Barcelona Tech City.
Así, considera que una vez retomada la vuelta paulatina a la normalidad, la tendencia será a realizar viajes de empresa «estrictamente necesarios» o para ver a familiares, con el corto radio como protagonista. No será hasta finales del último trimestre cuando el turismo corporativo comience a dar síntomas de recuperación, y habrá que esperar a principios de 2021 para los de largo recorrido. «La gente va a querer seguir saliendo, pero de alguna forma será el turismo nacional el que reactive la demanda», añade.
A este respecto, uno de los más perjudicados va a ser la aviación. El 89% de los visitantes extranjeros llega a España a través de este medio de transporte, por lo que enfrenta grandes desafíos. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha estimado que peligran unos 25 millones de empleos relacionados con la aviación si las «severas restricciones de viaje» duran unos tres meses. De alargarse esta situación, el impacto medido en empleos puede ser mayor en una industria que genera 65,5 millones de puestos de trabajo tanto directos como indirectos en todo el mundo.
A ello hay que añadir el hecho de que si una vez reanudada la apertura de fronteras españolas, los principales destinos emisores como Gran Bretaña, Alemania, Francia o Italia todavía no han conseguido controlar el brote, la repercusión económica será aún más profunda.