El periodista británico Tom Burgis, corresponsal de investigación del Financial Times, tiene una máxima a la hora de hacer su trabajo: “Dejar a un lado las ideologías, las narrativas históricas y la política. Solo seguir el rastro del dinero”. Y siguiendo el rastro del dinero Burgis, veterano reportero en África y América Latina, indaga en algunos de los aspectos más oscuros de nuestro mundo: saqueo de recursos naturales, lavado de dinero, redes de evasión fiscal, conglomerados mafiosos con despacho en la City de Londres, dictadores africanos y oligarcas rusos.
Esta obra es una ventana incómoda a ese mundo en la sombra en el que partidos políticos y servicios de inteligencia se codean con déspotas y organizaciones criminales, en el que las agencias de control financiero contribuyen a la opacidad de cuentas de multimillonarios, dictadores y mafiosos cuyo dinero corrupto está socavando las instituciones.
La publicación de este libro le ha costado amenazas judiciales por parte de un importante despacho de abogados londinense, e incluso ha contado que fue espiado.
Así es. Un gran despacho de abogados nos puso una demanda de la que fuimos absueltos, y he aportado pruebas de que he sido espiado. Poco antes de publicar este libro me llegaron cartas de grandes despachos de abogados que representaban a algunas de las personas que aparecen en él. Algunas eran cartas de más de 600 páginas, cuando mi libro tiene unas 300: ¡Es el doble! (Ríe) Ese es el tipo de presiones que recibimos, de gente capaz de pagar estos grandes despachos, que me amenazan advirtiéndome que podrían meterme en la cárcel. Hace unos meses, me encontré en el aparcamiento a alguien a quien no conocía, y acabé dándome cuenta de que era la persona que me estaba siguiendo. Cuando fui corresponsal en África y en países de la antigua URSS aprendí a protegerme a mí mismo y a mis fuentes de dictadores y corruptos. Parece que ahora tendré que usar esas mismas técnicas en Londres, Berlín o Madrid.
Las democracias occidentales han aceptado con entusiasmo los billones de dólares provenientes de países muy corruptos como Rusia, Kazajistán o Congo. Han aceptado tomar ese dinero creyendo que no habría consecuencias, pero ahora empezamos a darnos cuenta de que estamos importando también las reglas de juego de las cleptocracias: silenciar a los enemigos, manipular la ley para proteger tu fortuna, comprar políticos, hacer guerras de propaganda para ocultar la verdad… Dándoles la bienvenida a las fortunas de esos lugares hemos importando su estilo de poder. El poder del dinero sucio se extiende por toda la sociedad global.
¿Cree que ese dinero sucio ya ha corrompido y envenenado a nuestras sociedades?
Creo que está corrompiendo las instituciones, que son la expresión de cómo queremos que funcione nuestra sociedad. La única diferencia entre cuánta libertad puedes disfrutar en tu vida, la única diferencia entre haber nacido en España o en Kazajistán, es la fuerza de las instituciones que protegen esa libertad. El mandato de la ley, con una independencia judicial, con un parlamento que trabaje en interés de la mayoría y una prensa libre: esas son las tres instituciones que separan a un país libre de un país no libre. Y de forma deliberada, los cleptócratas del mundo, ya sean oligarcas de la antigua URSS, familiares de dictadores africanos o las familias reales del Golfo Árabe, junto a sus aliados occidentales, están secuestrando y atacando estas instituciones. Un ejemplo es la forma en la que los cleptócratas de todo el mundo utilizan la reputación de los grandes despachos de abogados londinenses para aterrorizar y silenciar a los periodistas. O los oligarcas que han hecho una gran fortuna en la Rusia de Putin y ahora hacen donaciones a partidos de Europa occidental para asegurarse una influencia en sus gobiernos.