El petróleo ha sufrido su mayor caída mensual desde 2016, debido al miedo de una desaceleración inminente en la economía mundial que tiene preocupados a los inversores, mientras que los inventarios de EEUU crecen y los productores transmiten señales mixtas.
Durante este mes de octubre los mercados financieros se han visto amenazados por dos factores fundamentalmente, el primero ha sido el empeoramiento de los resultados empresariales, donde una gran parte de ellos no han batido las expectativas, el segundo factor, es la preocupación de que las sucesivas subidas de los tipos de interés en EEUU puedan perjudicar al crecimiento económico y conducir a una desaceleración.
Los futuros en Nueva York han sufrido una caída de más del 9% en octubre, después de dos meses consecutivos de subidas. Una corrección a nivel global de los mercados de renta variable y una escalada de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China están afectando a las perspectivas de crecimiento y la demanda de energía, arrastrando a la baja los precios que hace tan sólo unas semanas alcanzaron un máximo de cuatro años. La preocupación por una escasez de suministros debido a las sanciones inminentes de Estados Unidos a Irán disminuyó después de que otros países de la OPEP prometieron bombear más.
Mientras que el ministro de energía de Arabia Saudita dijo que la Organización de Países Exportadores de Petróleo “que está produciendo todo lo posible», un comité de la OPEP sugirió que podría volver a reducir los suministros el próximo año, lo que generará incertidumbre en el mercado. En los EEUU, se pronostica que los inventarios subirán por sexta semana consecutiva. Después de romper 76 dólares por barril a principios de este mes por primera vez desde 2014.
El WTI con vencimiento en diciembre cotiza a 66.12 dólares por barril en la Bolsa Mercantil de Nueva York. El volumen total comercializado fue aproximadamente un 10% por debajo del promedio de 100 días.