El problema de las pensiones no ocurre solamente en España. El desarrollo económico que ha vivido América Latina a lo largo de las últimas décadas ha impulsado la combinación de menos hijos y adultos de más edad en la región, dando fin al «dividendo demográfico» que venía disfrutando Sudamérica desde 1970.
Si hace 30 años la población de entre 15 y 64 años era la predominante en América Latina, en el momento actual, esta situación se ha revertido y ahora crece más rápido el resto de rangos, es decir, los menores de 15 y mayores de 64. El resultado de la ecuación es claro: la cantidad de población activa existente para mantener el número de personas dependientes cada vez es menor.
Una publicación realizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) alerta de que a pesar de que los países latinoamericanos son todavía más jóvenes en comparación con las economías avanzadas, las previsiones arrojan una aceleración del envejecimiento. Así, mientras en algunos países como Paraguay, Bolivia o Guatemala disponen de margen al menos hasta 2025, en otros como Uruguay, Brasil y Colombia solamente disponen de un par de años para poder hacer frente a esta problemática.
Para asegurar el reemplazo generacional, los expertos sitúan el promedio de hijos por mujer en una cifra igual o superior a los dos hijos, algo que ha dejado de ocurrir, por ejemplo, en Costa Rica o Chile. De hecho, según datos del organismo estadístico de este último país, la Tasa Global de Fecundidad (TGF) alcanzó el 1,9 hijos por mujer en 2014.
Llama la atención que los dos últimos países citados sean los que registren una esperanza de vida mayor al resto de sus vecinos. Concretamente 80 años, frente a los 75 años de la zona, impulsados por el aumento del nivel de vida y la mejora del acceso a la atención sanitaria.