El 13 de marzo de 2020 pasará a los anales de la historia como un punto de inflexión que cambiaría el transcurso de los acontecimientos. Ese viernes el Gobierno anunciaba la declaración del estado de alarma en España y, con ella, la paralización de la movilidad en todo el país. Desde ese momento, las actividades económicas quedaron divididas en tres: las esenciales para asegurar unos servicios mínimos a la población, las que podían realizarse desde casa y las que quedaban suspendidas por causa de fuerza mayor. En este sentido, aquellas que han podido continuar o reabrir tras el levantamiento de las restricciones, han tenido que poner en marcha diferentes protocolos de actuación en función del sector en el que operan, con la aplicación de los procedimientos estipulados por las autoridades sanitarias.
Más de siete meses después, algunas empresas han elegido el retorno a las aulas como fecha para volver al espacio de trabajo de manera paulatina, siempre y cuando el nivel de infectados por coronavirus haga factible esta opción. Una de las principales enseñanzas que se han extraído a lo largo de estos meses es que la celeridad en la ejecución de medidas puede resultar decisiva a la hora de detener los contagios. A este respecto, los expertos hacen hincapié en la necesidad de adelantarse en las empresas por el efecto multiplicador que puede desembocar en nuevos brotes. Al hilo de lo anterior, DIRIGENTES ha recopilado los factores que Quirónprevención considera “fundamentales” a la hora de abordar la crisis sanitaria en los negocios u organizaciones empresariales.
1º paso: planes de actuación para una reincorporación segura
Aunque el punto de partida de cualquier estrategia en la gestión de la COVID-19 es el conocimiento del estado inmunológico de los trabajadores, antes de ello es necesario diseñar un plan de actuación para el retorno a la actividad pos-COVID-19 que garantice la seguridad y salud de toda la plantilla.
En concreto, recomiendan detallar todas las acciones a ejecutar en este sentido, en el que deben tenerse en cuenta las medidas higiénicas básicas, organizativas, distanciamiento interpersonal, prevención del riesgo de difusión o contaminación, prevención del personal especialmente sensible, así como la actuación ante la sospecha o activación de un posible caso.
En el momento actual, la gran mayoría de las organizaciones ya han implantado algún tipo de medidas de estas características, por lo que el riesgo ahora está en la relajación de los protocolos contemplados en el mismo. Para que esto no suceda, insisten en la necesidad de contar también con un plan de continuidad que se encargue de la supervisión y adaptación continuada de los pasos a seguir.