Cuando alguien proyecta en su cabeza la imagen de un gurú de la tecnología, inevitablemente lo asocia a una persona nacida después de 1980 ataviada con un estilo informal en el que no pueden faltar las zapatillas de deporte. En este caso, Joosp van Nispen viene a ser la excepción que confirma la regla. Natural de Países Bajos y afincado en España desde hace más de treinta años, representa el soplo de madurez en un sector dominado por millennials.
Procedente de la cantera de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts, pocas son las personas que pueden presumir de ostentar el título de ser una de las más influyentes del marketing directo en España. Fundador y presidente del Instituto de la Economía Digital, que sopla sus velas de plata este mes de enero, charla con DIRIGENTES para hacer un repaso sobre los retos que encara este país en el ámbito de la digitalización.
ICEMD cumple un cuarto de siglo. ¿Qué momento atraviesa España en el terreno del marketing digital?
Este país reúne ciertas particularidades que quedan reflejadas en el ámbito del marketing digital. Una es que siempre le cuesta estar entre los primeros puestos, pero cuando se pone en marcha no descansa hasta que obtiene lo mejor. Lo hemos visto con la telefonía móvil. Arrancan tarde y lentamente, pero llegan bien, incluso muy bien. El verdadero reto es que se deja llevar por la inspiración, la anécdota y las ocurrencias en lugar de ser data driven. Eso no quita que haya grandes matemáticos y científicos en España. He trabajado en los cinco continentes y me he dado cuenta de que en España tienes, por un lado, una falta de análisis profundo, y por otro, una manera de trabajar e innovar y ser creativos que queda materializada en todos los premios que gana en Publicidad y Comunicación en comparación con los alemanes. Desde una perspectiva cortoplacista empresarial, en España la gente se encuentra más orientada a la tarea que al tiempo y se queda hasta que esté acabada y, normalmente, muy bien hecha.
Otra de las diferencias, es que tiene un sano escepticismo hacia la autoridad. Algo no es cierto porque lo diga el jefe, sino que este tiene que poner en común las ideas si quiere que el equipo las adopte. Esto es algo muy positivo en un mundo en el que las pautas colaborativas adquieren cada vez más importancia. La gente también es muy sociable y colabora bien. Desde mi propia experiencia, conseguir esto en los países nórdicos es mucho más complicado. Además de simpatía y empatía, en España también se espera que los integrantes del equipo puedan cubrir las deficiencias de los demás y viceversa. Por todo ello, juega con gran ventaja en un mundo en el que impera el trabajo en equipo y la colaboración.