El síndrome del objeto brillante no es una enfermedad, es simplemente una distracción por algo novedoso. Nos pasa a todos. Lo nuevo por el simple hecho de serlo es mucho más atractivo y lo priorizamos con escasa indagación.
En el contexto de los negocios y en especial en el ámbito de la transformación digital, en el que continuamente están apareciendo tecnologías disruptivas, el síndrome adquiere una importancia especial, tanto por su impacto a nivel económico como en el del negocio.
No hay nada peor que decidir desde la ignorancia empezando la casa por el tejado, es decir, por la tecnología sin tener clara la estrategia y el plan de acción.
Hoy los empresarios y ejecutivos que no entienden las posibilidades de las nuevas tecnologías digitales tienen muchas posibilidades de caer en este síndrome del objeto brillante e invertir en herramientas digitales en apariencia atractivas, pero, en muchos casos, de escasa relevancia para el crecimiento y desarrollo de su negocio.
Según un estudio de McKinsey, estos líderes desinformados, son más proclives a realizar inversiones digitales fragmentadas, superpuestas o de escala insuficiente, perseguir iniciativas en el orden incorrecto, o pasar por alto medidas básicas que facilitarían el logro de otras más avanzadas.