El mundo asiste a cambios vertiginosos originados por la tecnología, la innovación y la globalización. Detrás de cada paso hay personas que con su talento logran que las organizaciones avancen. El talento se refiere a las habilidades, conocimientos y capacidades únicas que poseen los individuos y que son relevantes para el éxito de una organización. En el entorno empresarial, el talento se ha convertido en el gran activo intangible que marca la diferencia y determina la competitividad.
El talento en el siglo XXI se atrae, gestiona y retiene desde una apuesta clara por el bienestar de los empleados. Si una empresa introduce en su ADN el bienestar de sus empleados creará sistemas y procesos empresariales poniendo en el centro a la persona. En ese sentido, las nuevas generaciones se identificarán con aquellas empresas cuyo propósito pase por respetar y conseguir los objetivos de sus propios empleados. Esta alineación de propósito está en la base del bienestar, constituyéndose como el eje fundamental del compromiso.
El compromiso pasa en este momento por el valor que el bienestar del empleado tenga en la empresa, por tanto, a mayor propósito de bienestar, mayor nivel de compromiso. Y, sin duda, el compromiso está asociado con la productividad, y, por ende, con la potencialidad de la empresa para obtener su propósito, anhelado también por los propios empleados.
La ecuación bienestar/compromiso/productividad transforma toda la experiencia del empleado, posicionando en el centro, no el contrato, sino la aportación del empleado y de la empresa. El talento necesita identificarse con su propósito empresarial, y que éste apueste por las personas como un fin y nunca como un medio.

Pero hay otro intangible al menos de igual importancia: la cultura de las organizaciones. La cultura sintetiza los valores, las creencias y las formas de actuar de una empresa y de las personas que la conforman. La constituyen esas reglas no escritas, que se asumen por la organización internamente y que pueden ser reconocidas externamente. El talento sin cultura no crea compromiso, ni sentido de pertenencia, ni trabajo en equipo, ni propósito compartido.

