Después de casi un año sin Gobierno en España, se puede decir que Mariano Rajoy ya dejará de ser presidente en funciones. Este circo político ya tiene domador, después de que el único partido que podía hacerle algo de sombra (el PSOE) haya hecho estallar la bomba en su propio seno, dejándolo reducido a las más minúsculas cenizas.
Que Rajoy ya es presidente lo sabe hasta el más pequeño de los ‘locos bajitos’ de este país, aunque no se haya formalizado todavía la situación.
Ante el descalabro de su principal rival, Pedro Sánchez, Rajoy tiene dos tranquilas opciones: esperar sentado a que la investidura se gane por sí sola (los principales barones tradicionales críticos contra Sánchez ya han asegurado que el partido rojo no pondría demasiadas dificultades a la abstención) o marear la perdiz hasta dejar el plazo que finaliza el próximo 31 de octubre para disolver las Cortes y arriesgarse a una mayoría absoluta en las terceras elecciones.
En ambos casos, la batalla está ganada. Si se produce la primera opción, el Partido Popular se coronará como "el Gobierno conservador y estable que necesita el país", como ellos mismos se califican. Si Rajoy se arriesga a la segunda, todo el mundo sabe que unas terceras elecciones supondrían un mayor impulso al PP en número de escaños (incluso por encima de los logrados el 26J, y recordando que algunas encuestas se atrevían a dar la mayoría absoluta) y el hundimiento definitivo del PSOE (que podría caer incluso por debajo de Unidos Podemos).
Con un victorioso resultado en los comicios de diciembre, Rajoy podría gobernar sin dificultad sumando sus escaños a los de su ‘hermano pequeño’, Ciudadanos.