La agencia de rating Fitch lo tiene claro: "Un programa creíble y efectivo de flexibilización cuantitativa (QE o Quantitative Easing) puede proporcionar apoyo a las ‘notas’ de los distintos países a través de diversos canales". E, incluso, añade, "potencialmente reducir el riesgo de rebajas".
En su opinión, la capacidad de implementar este tipo de medidas sin desencadenar desórdenes financieros graves, aumenta la flexibilidad de las autoridades monetarias una vez que los tipos cercanos o en cero se alcanzan o acercan. Asimismo, también pueden respaldar la financiación soberana a corto y medio plazo.
"Al reducir el riesgo de deflación y recesión prolongada, el QE puede mitigar el deterioro de los déficits presupuestarios y de los ratios de deuda pública/PIB", afirman estos analistas, quienes explican que los "beneficios" de las compras de activos de los bancos centrales a menudo se transmiten a los Gobiernos en forma de "dividendos", reduciendo aún más los "agujeros" en sus cuentas.
Por otra parte, este tipo de programas aumenta "la flexibilidad financiera de los países, rebajando la necesidad de financiación neta del sector privado, ya que los bonos soberanos son los activos más típicos adquiridos en este tipo de planes".
Con todo, la firma reconoce que la "transmisión" de estas políticas a la economía real es "incierta". Pues, si bien, el QE puede estimularla y ayudar a impulsar la inflación a través de varios canales: "reequilibrios de cartera; impulso de los precios de los activos y de la liquidez interbancaria; debilitamiento de los tipos de cambio"; mejora de las expectativas y de la confianza… lo cierto es que "hay una incertidumbre sustancial respecto a su fuerza y eficacia, dada la evidencia empírica limitada".