El status quo que hemos visto por parte de la Reserva Federal en su reunión de septiembre ha demostrado lo difícil que es para los banqueros centrales poner fin a las medidas de emergencia que adoptaron a raíz de la crisis de 2007. El nerviosismo de la presidenta de la Fed, Janet Yellen, y las turbulencias del mercado desde agosto parecen dar por válido que es imposible detener los programas de relajación cuantitativa de la política monetaria, a menos que aceptemos que ello daría lugar a una nueva crisis global.
Los mercados se han acostumbrado a vivir en un entorno prolongado de tipos de interés bajos, lo que llevó a un aumento de 57.000 millones de dólares en deuda pública y privada entre 2008 y 2015. El aumento de la deuda pública representa casi la mitad de este crecimiento. Se trata del resultado de las medidas de estímulo y rescate fiscal tomadas para salvar el sistema bancario mundial. En la mayoría de los países avanzados, la deuda de los hogares también ha aumentado, excepto en Estados Unidos, donde la situación financiera de los hogares ha mejorado debido al impago de los préstamos de bienes inmuebles.
La Reserva Federal es consciente de que el aumento de los tipos de interés demasiado rápido y demasiado al alza podrían tener el mismo efecto que pulsar el botón nuclear. Todo el sistema podría colapsar y ya no puede darse por sentado que los bancos centrales pudieran extinguir el fuego en esta ocasión. Su fuerza de choque se ha debilitado debido a que sus balances están expuestos a las fluctuaciones del mercado y su credibilidad se ha dañado seriamente ya que las medidas que han tomado no han logrado fortalecer la economía.
El regreso de los excesos financieros
Los mismos errores que llevaron a la crisis financiera ahora se están produciendo de nuevo en todo el mundo. El acceso al crédito, que ha sido mucho más complicado y difícil durante un largo periodo de tiempo, ahora se está ablandando, lo que lleva a un exceso de endeudamiento y las burbujas especulativas. En Estados Unidos, los que compran por primera vez pueden obtener préstamos que cubran el equivalente al 97% de su compra. En el Reino Unido, el mercado inmobiliario se mueve de la misma manera, gracias a un programa de ayuda de primera compra lanzada en 2012. Se ha tenido tanto éxito, que los que compran por primer vez ahora representan la mitad de los préstamos de bienes inmuebles, una proporción que no se veía desde el año 2000.