En algo menos de tres meses el euro ha perdido más del 10% de su valor en su cotización contra el dólar. Los que trabajamos en estos mercados y nos guiamos por las variables fundamentales de la economía venimos alertando desde hace bastante tiempo de la sobrevaloración de la divisa única con respecto a la moneda norteamericana, del sin sentido que representaba un euro a casi 1.40 dólares y por supuesto del perjuicio que suponía para la mayoría de los países de la eurozona.
Diferente razones de índole técnica, principalmente flujos de repatriación provenientes de la venta de activos dentro del proceso de despalancamiento de empresas y entidades financieras europeas, han mantenido durante un periodo demasiado largo al euro en estas cotas de sobrevaloración.
Ha sido necesario la intervención del BCE para hacer caer la moneda única. Pero lejos de una actuación directa en el mercado, algo impensable en Europa, o de un efecto directo e inmediato de la política monetaria más expansiva del supervisor europeo , que sin duda era imprescindible para este ajuste, el desencadenante del movimiento han sido las declaraciones de Draghi.
El Banco Central Europeo carece de competencias para fijar el tipo de cambio. Como he comentado en otras ocasiones una de las increíbles carencias de la Unión Monetaria es la de un organismo o institución que se encargue de llevar a cabo una política de tipo de cambio.
El discurso que la mayoría de los países desarrollados del mundo practican sobre la suficiencia del mercado para fijar el tipo de cambio de las divisas es un discurso carente de credibilidad si partimos de la base de que todos ellos llevan a cabo o bien políticas monetarias encaminadas a influir en la cotización de éstas o directamente intervienen para evitar debilitamientos o apreciaciones. Casos como el de Japón o el de Suiza son casi permanentes y Estados Unidos ha vivido y sigue viviendo de una depreciación sin fin de la divisa norteamericana.