Una de las grandes luchas de Estados Unidos durante los últimos años ha sido la de conseguir la independencia energética. Con numerosas implicaciones en su economía, el abastecimiento energético puede cambiar la forma de relacionarse con el resto de potencias mundiales.
Prueba de ello son los últimos conflictos geopolíticos entre Rusia y Ucrania. De hecho, hace dos años, la Agencia Internacional de la Energía ya hacía hincapié en que los efectos de la evolución energética en EE.UU. se sentirían más allá de Norteamérica y de la industria.
Ya en 2013, el país se convertía en el principal productor de petróleo y de gas natural del mundo, superando a Rusia o a Arabia Saudí gracias a las nuevas técnicas para extraer hidrocarburos en Texas o Dakota del Norte.
Aunque en el caso del gas natural, es en la costa este donde más se extrae. Un dato importante teniendo en cuenta que el mercado del gas natural se centra fundamentalmente en tres regiones: EE.UU., Europa y Asia). Y, por tanto, la diferencia de precios entre los tres principales productores es muy amplia.
Un informe de Crédito y Caución señalaba a mediados de 2014 que "desde que comenzó el milenio, los precios del gas en Asia se han triplicado hasta ser los más elevados del mundo. En el mismo periodo, los precios del gas se han duplicado en Europa. Mientras tanto, en Estados Unidos, los precios no han dejado de caer".