Ganan la ‘partida’ los presidentes y gobernadores de la Reserva Federal (Fed) que prefieren ‘esperar y ver’ antes de volver a incrementar el precio del dinero, si bien, son minoría los que creen que el contexto internacional supone un riesgo para el crecimiento de Estados Unidos. De "cierta división" habla Capital Economics, destacando que algunos funcionarios estaban dispuestos a alzar los tipos en abril, aunque muchos apostaron por seguir con la cautela. En su opinión, la probabilidad de un incremento este mes es "escasa", pero su apuesta es porque este movimiento se produzca en junio.
"En ese momento, los temores en torno a la inestabilidad global deberían haberse desvanecido y el repunte de la inflación subyacente convencido a la autoridad monetaria de que la escalada de los precios es verdadera", explican. A partir de ese momento, añaden, "esperamos que los tipos acaben entre el año en el rango comprendido entre el 1% y el 1,25%".
Citi, por su parte, aplaza la subida de tipos a septiembre. Y, es más, cree que "en línea con los mensajes que recibimos, parece evidente que no supondría un mayor problema esperar a diciembre en caso de que el escenario económico/político/financiero se deteriore más".
Mucha ambigüedad a la que se suman las turbulencias del petróleo. El barril de Brent vuelve a perder los 40 dólares recuperados ante la fuerte caída en los inventarios de crudo de Estados Unidos. Y es que, más allá del alivio inicial, se mantienen las suspicacias en torno al ‘Acuerdo de Doha’, garante último del reciente rally del crudo.
En concreto, Goldman Sachs cree que es "poco probable una ‘congelación’ o recorte sostenido de la producción de la OPEP". De hecho, apunta a un incremento de la misma en 600.000 barriles diarios este año y 500.000 el próximo. Considera que los 35 dólares el barril para el West Texas no son "ni demasiado altos, ni demasiado bajos: correctos".