"A pesar de que el escenario se torna algo incierto, consideramos que la mejor opción es no salir del mercado ahora, si el escenario no empeora considerablemente", explican desde el departamento de análisis de Bankinter. Y es que tras cuatro jornadas consecutivas de caídas, los inversores han podido ver una oportunidad de entrada ante el compromiso de Grecia de adoptar nuevas reformas para acceder a ese tercer rescate.
El tiempo apremia, los ciudadanos helenos llevan diez días de "corralito", pero tampoco el martes hubo nuevos planes para Atenas ni en la cumbre de líderes del euro ni en el encuentro del Eurogrupo. Los ministros de Finanzas de la Zona Euro vuelven a "hablar" este miércoles, por teleconferencia, y el Ejecutivo griego ha presentado la solicitud de un tercer rescate al ESM (MEDE o Mecanismo Europeo de Estabilidad). Y, en cualquier caso, no se decidirá nada antes del domingo, cuando se ha convocado un nuevo consejo europeo, que contará con todos los miembros de la Unión.
"Con todo lo inquietante que pueda parecer lo anterior, lo es mucho más cuando se perciben importantes discrepancias dentro de los mandatarios del Viejo Continente a la hora de valorar qué decisión tomar", explica José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi en España. "La cuestión para muchos, entre los que me incluyo, es que cualquier decisión (política) que se tome para Grecia puede tener consecuencias a medio plazo en otros países. Para bien y para mal".
Y es que, opina, no hablamos sólo de dinero, si así fuera, señala, sería cosa de cuantificar pros y contras de darle ayuda. "No es demasiado caro, se podría decir, pero hay algo más. En el fondo, la crisis helena pone de manifiesto las debilidades del propio euro: convergencia real y falta de cohesión fiscal y política. Pero también financiera, pese a los avances alcanzados. Cualquier decisión que se tome será clave para la evolución de la unión monetaria a futuro. Diga lo que diga y haga lo que haga el Banco Central Europeo (BCE)".
La otra crisis: el desplome de la Bolsa china