La recaída en la recesión económica y los bajos precios, que podrían acaba derivando en la tan temida deflación, son las principales preocupaciones de los bancos centrales. Para alcanzar su objetivo de inflación y respaldar el crecimiento, se espera que el Banco Central Europeo (BCE) amplíe sus estímulos en su reunión del próximo diez de marzo. Sin embargo, tango la autoridad monetaria de la Zona Euro, como las del resto del mundo reiteran una y otra vez que sólo con sus políticas expansivas no lograremos la mejora necesaria para superar la crisis.
Y este ha sido el principal mensaje que ha dejado el G20, que los Gobiernos deben hacer más en cuestiones fiscales. "No obstante, y dado el elevado coste político que ello conlleva, de momento los bancos centrales deberán capear la situación por sí mismos", señalan desde Link Securities.
Para Citi cuatro son los principales puntos del encuentro: mayor enfoque en los riesgos para el crecimiento (incluyendo ahora también el Brexit); apertura del abanico de instrumentos a la política fiscal y estructural además de la monetaria (que sigue siendo imprescindible), siendo necesario tomar medidas de forma individual y coordinada; referencias claras sobre la necesidad de consultar y cooperar en el caso de los mercados, especialmente el de divisas; y énfasis en la necesidad de crear un mecanismo o proceso para valorar el avance de las reformas estructurales. "Es cierto que se habla de los riesgos y es evidente que se buscan alternativas para solucionarlos o al menos reconducirlos. Pero, no hay nada tangible detrás", concluye su estratega en España, José Luis Martínez Campuzano.
"Tan sólo ha pedido a los gobiernos nuevas medidas fiscales (en tanto en cuanto las políticas monetarias por sí mismas son insuficientes) así como evitar devaluaciones competitivas (refiriéndose sobre todo a Japón), pero sin ninguna traducción práctica", coincide Renta 4.
"Calentando motores" para BCE, Fed y BoJ…