De acuerdo con Datafolha, quien divulgó estos datos el 18 de agosto, el número de brasileños que esperaban una subida de la inflación tras las elecciones del próximo 5 de octubre en las que la presidenta Dilma Rousseff parte con gran ventaja, pasó del 58% al 52%.
Asimismo, los que confiaban en una caída de los precios tras el mismo periodo aumentaron del 8% al 12% en apenas un mes.
Pese al aumento del optimismo tras las elecciones, que se presentan más movidas tras el fallecimiento del candidato socialista Eduardo Campos, el mercado sigue dando a Brasil pocas expectativas de mejora en lo que refiere a la economía nacional.
Tras meses de bajadas en las previsiones de crecimiento tanto por parte del Gobierno de Rousseff como por los organismos internacionales así como por diversos analistas, en apenas una semana dicha previsión de crecimiento para el presente año pasó del 0,81% al 0,79%, según los datos divulgados por el boletín del Banco Central brasileño.
Pese a estas cifras arrojadas por el mercado, el ministro de Hacienda del país, Guido Mantega, aseguró que el Ejecutivo continuará con su política "gradual" de combate a la inflación, insistiendo así en la postura del Gobierno brasileño de que el resultado de las próximas elecciones no tendrá una implicación directa en este índice.
Según afirmó Mantega a los medios locales, esta estrategia corresponde al "mejor camino" a tomar ya que no implica llevar a cabo "tratamientos de choque" ni "políticas heroicas".