Las píldoras, cápsulas y polvos vitamínicos constituyen el 5% de todas las ventas de comestibles en Estados Unidos. Sus márgenes de beneficio suponen, sin embargo, aproximadamente 10 veces más que los de los productos alimenticios.
En los últimos años, esta industria ha estado creciendo tan rápido como la economía china, según cifras de ‘Euromonitor Internacional’. Y desde 2008 el negocio de las vitaminas se ha ampliado un 40%. De hecho las tiendas que ofrecen estos productos se han multiplicado de manera vertiginosa, y en ciudades como Nueva York se pueden encontrar varios de estos establecimientos en apenas una manzana.
El envejecimiento de la población y la creciente preocupación por la salud son dos de los principales motivos que han hecho que este sector crezca rápidamente. La mayoría de los estadounidenses, con la esperanza de mejorar su salud, destinan parte de su dinero a estos productos. Y la industria se beneficia de esta demanda.
Muchos creen que tomando estos complejos vitamínicos compensarán su pobre dieta que en muchas ocasiones está vinculada a una deficitaria economía familiar. Ingieren comida rápida y productos procesados y envasados porque son baratos. Pero no se lo piensan dos veces al gastarse más de 15 dólares al mes en píldoras para contrarrestar la mala alimentación.
Katie Ferraro, nutricionista de la Universidad de San Francisco anima a sus pacientes a "hacer cambios en su alimentación antes que recurrir a las pastillas".