La caída de las materias primas es uno de los principales problemas a los que se enfrentan países como Brasil o Rusia, donde los ingresos por este sector resultan vitales para no anclarse en la recesión y, sobre todo, para sacar a flote sus cuentas públicas. Pero no solo eso. La decisión de China de devaluar el yuan en agosto reabrió el temor a una nueva guerra de divisas en otros países que, aunque puedan beneficiarse vía exportaciones, se enfrentan al reto de devolver la deuda emitida en monedas distintas a las locales. Financiarse en dólares era un buen negocio cuando el billete verde estaba relativamente barato. Pero ahora, y con la subida de tipos de la Fed estadounidense ya confirmada, hacer frente a esas deudas se convierte en uno de los grandes problemas de las empresas de estas regiones.
Pero los problemas van más allá. El bajo ritmo de las exportaciones de estos países repercutirá, sin duda, en unas tasas de crecimeitno más débiles. "Históricamente, un crecimiento del PIB en EEUU y Europa por encima del 2% venía acompañado de un incremento de la actividad exportadora de la zona asiática superior al 9% anual", explica Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank. "Este año, sin embargo, existen varios factores que van a limitar esas exportaciones", indica.
Entre ellos, los expertos señalan la mayor calidad de los productos chinos, que les permite convertirse en claros competidores a nivel mundial, y la madurez alcanzada en el ciclo de los productos electrónicos, "de los que muchos de estos países son productores, limitando esa capacidad exportadora, sobre todo en Asia".
Para Lucía Gutiérrez Mellado, subdirectora de estrategia de JP Morgan AM, deben existir tres condiciones básicas para volver a confiar en una recuperación de los emergentes. Para empezar, una mejora en las expectativas de crecimiento, además de la estabilización de sus divisas y la recuperación de los resultados empresariales. Pero para llegar a ello, los retos pendientes son demasiados todavía.
El Banco Mundial ya anticipaba en sus Perspectivas para 2016 un aumento de los riesgos, en particular los vinculados a la posibilidad de una desaceleración desordenada en una economía emergente de importancia. "Una combinación de políticas fiscales y medidas adoptadas por los bancos centrales puede ayudar a mitigar esos riesgos y respaldar el crecimiento", indicaban desde el organismo.