Hace ya algún tiempo que la gastronomía japonesa comenzó a calar en el mercado español, y aunque en un principio el makizushi (esos royos de arroz rellenos de pescado o verdura envueltos en algas secas) constituía el grueso de la oferta y la demanda, hasta el punto de recibir el metonímico nombre de "sushi", lo cierto es que en los últimos años ha experimentado una espectacular consolidación.
Hoy no resulta extraño oír a cocineros amateurs, e incluso a los simples amantes de la gastronomía, hablar de uramakis, nigiris, gyozas, wasabi o de nori, entre otras cosas, hasta rozar el esnobismo. En este sentido, tanto el sushi como el resto de variedades ha calado en España, adonde llegó con retraso respecto a otros países occidentales, pero donde ha encontrado un excelente caldo de cultivo.
Y es que, como afirma Nacho Fernández, gerente y propietario de la firma Inari, bajo la que operan dos restaurantes japoneses en Madrid, "el sushi en España no tiene nada que envidiar al de Japón". Una afirmación que bien podría parecer un brindis al sol, o directamente una temeridad, pero que encuentra su razón de ser en la particular forma que tiene de ver y concebir la gastronomía japonesa, por la que tiene una afición que ha terminado por convertirla en su medio de vida.
"El valor del sushi radica en la idea, pero más allá de eso lo importante es la materia prima, y en España no sólo sabemos de arroz y tenemos un pescado que incluso exportamos al propio Japón, sino que disponemos de las verduras y hortalizas ?elemento fundamental de la gastronomía japonesa? propias del Mediterráneo", sostiene.