De empujar un carro de chatarra por los barrios de Madrid a ganar más de un millón de euros al año con el negocio inmobiliario. La historia de Mohamed El Madani ha roto todos los esquemas y ha puesto su nombre en el foco mediático.
Con solo 30 años, este joven de origen marroquí controla decenas de pisos y solares en la capital y se ha convertido en uno de los perfiles más comentados del real estate madrileño.
Su ascenso comenzó en los márgenes: vivía en una chabola sin agua ni luz, recogía metal y electrodomésticos abandonados, y dormía en el suelo.
Pero en 2021 su vida dio un giro cuando decidió invertir en viviendas conflictivas, muchas de ellas con ocupación irregular, que más tarde revende con beneficios de seis cifras.
En apenas tres años ha creado una red de sociedades, gestiona reformas, capta inversores y aprovecha su conocimiento del terreno. Su figura genera polémica: algunos lo llaman visionario, otros lo acusan de especulación sin escrúpulos. Mientras tanto, su patrimonio crece y ya es apodado en algunos barrios como el rey moro del ladrillo.
