Barbara Gradzik, CEO y fundadora de Bblandia lleva tres semanas en casa. A mediados de marzo le diagnosticaron COVID-19, aunque en su centro de salud no le pudieron hacer la prueba porque ni siquiera tenían trajes, guantes ni el mínimo material de protección, cuenta esta empresaria a DIRIGENTES. Además, la afección se ha agravado porque se ha acabado convirtiendo en una bronquitis: “Estoy en casa porque los hospitales están como están”.
En su caso, los síntomas reflejan que el virus muta y es capaz de complicar la vida a cualquiera “Te puede dar fiebre, bajada de temperatura… Mi médico dice que estoy sin defensas”, confiesa Bárbara. Ya la han avisado, si se complica aún más, tendrá que ir directamente al hospital, pero de momento solo toma paracetamol.
Al margen del problema de salud, tiene que enfrentarse al desafío de mantener a flote su negocio que, como todos los pequeños negocios españoles, pasan por una situación límite. Después de 12 años (abrió en 2008, en plena crisis), esta emprendedora teme tener que cerrar, pero se resiste: “Voy a luchar como pueda porque sería una pena cerrar después de haber creado un proyecto como este durante 12 años”.
En concreto, su compañía se dedica a proporcionar productos para bebés. Sus clientes tienen unas necesidades muy concretas, dada la urgencia de las mujeres embarazadas. “Recibimos peticiones y mensajes tremendos de madres que nos piden productos porque dan a luz la semana que viene”, explica.
A pesar de que la tienda física de Bblandia está cerrada, como la mayoría de los pequeños comercios españoles, el negocio continúa en marcha porque el comercio electrónico es uno de sus pilares. Esta actividad es una de las que se han incluido como esenciales, según el Gobierno, aunque la propagación del virus se lleva notando desde antes de la declaración del Estado de Alarma.
