Jens Eskelund, el presidente de la Cámara de Comercio de la UE en China, ha advertido sobre los riesgos de la «influencia excesiva» de Pekín en las cadenas de suministro globales. A pesar de que el país asiático se mantiene como la principal potencia manufacturera, las crecientes tensiones geopolíticas están obligando a las compañías a priorizar la resistencia sobre el coste.
El organismo subraya que la disposición de China a utilizar su dominio comercial como herramienta de presión ha generado una alerta roja en Bruselas. La estrategia de reducción de riesgos, conocida como de-risking, busca evitar que las empresas se vean atrapadas en medio de la guerra arancelaria entre las grandes potencias.
Las compañías europeas afrontan ahora el reto de equilibrar su presencia en el mercado chino con la necesidad de diversificar sus centros de producción para no depender de un solo proveedor geográfico.
Búsqueda de alternativas
Ante este escenario, sectores clave están explorando nuevos horizontes para descentralizar sus operaciones. El sector textil mira hacia Vietnam, mientras que la manufactura pesada gana peso en Indonesia. Por su parte, Malasia se está posicionando como un receptor estratégico de inversiones en el ámbito de los semiconductores.
Carlo D’Andrea, el presidente de la sección de la Cámara en Shanghái, reconoce que China sigue siendo el clúster industrial más eficiente a corto plazo, pero recalca que las empresas ya buscan habilitar múltiples proveedores para evitar bloqueos logísticos o políticos.
