Los ERTE representan la principal herramienta para proteger el empleo de los trabajadores sin que las empresas tengan que hacer un esfuerzo que acabe con su viabilidad. Ello no significa que las compañías no hayan tenido que adaptarse a la nueva realidad, al igual que su plantilla.
La restructuración afecta sobre todo a los sectores más dañados, como las aerolíneas, las actividades de ocio y turismo, la automoción, la distribución, el comercio y el textil. Las causas son variadas, pero muchas de ellas tienen que ver con la pandemia y sus derivadas económicas.
Tal y como lo cuenta la responsable del servicio de desvinculaciones y prejubilaciones de Willis Towers Watson España, Isabel Calderón, los sectores que más preguntan por nuevas soluciones para adaptar su plantilla son las industrias afectadas por ERTES, pero también las que se encuentran en procesos de fusión, además de las empresas que quieren rejuvenecer sus equipos.
La experta aclara a DIRIGENTES que las prejubilaciones representan una de las soluciones para estos procesos. En esa línea, el salario que se ofrece a trabajadores de más de 57 o 58 años ronda el 80% del salario regulador. Sin embargo, «cuanto mayor sea la edad del afectado, mayor será ese porcentaje». Por el contrario, «en el caso de trabajadores más jóvenes, las cantidades se reducen debido a que se deben garantizar las prestaciones durante más tiempo».
Existen otras alternativas, como los despidos colectivos, despidos por causas objetivas o mutuo acuerdo de cese voluntario, entre las más habituales. En todo caso, se trata de «amortizar puestos de trabajo» o de rejuvenecer la plantilla, en función de la necesidad. En el caso del mutuo acuerdo de cese voluntario no hay despido como tal, sino que se negocian unas condiciones económicas entre empresa y trabajador. La pega de esta modalidad para el trabajador es que no tiene derecho a prestaciones por desempleo.