A principios del mes de mayo Donald Trump desató la tormenta en el mercado después de anunciar una nueva subida de aranceles a China. Con ello, parece que la guerra comercial se ha vuelto a activar y que un acuerdo entre ambas potencias parece lejano. A esto se le suma la turbulenta Europa. En el Viejo Continente hay muchos frentes abiertos, desde Italia y su enfrentamiento con Bruselas a costa del presupuesto nacional, hasta saber quién será el nuevo líder británico que negociará el Brexit. Por si fuera poco, las elecciones al Parlamento Europeo obligan a llegar a un acuerdo tripartito para poder gobernar en Europa.
“El riesgo político se percibe actualmente como una molestia a corto plazo, pero su impacto podría tener implicaciones mucho más largas y significativas si interfiere con el ciclo económico.”, anuncia el Global Investment Views» de Amundi.
Guerra comercial
Todo apunta a que la guerra comercial seguirá prolongándose, y más después de que China haya decidido romper el acuerdo. El fuego cruzado sigue lanzándose entre ambos países con nefastas consecuencias en los datos macroeconómicos que repercuten de forma directa a las empresas. El primer frenazo claro se podrá observar en el PIB chino, ya que las exportaciones caerán.
Por todo ello cabe ser cauteloso en cuanto a los activos. En primer lugar, uno de los riesgos que muchos inversores temen es el que se puede crear en el mercado de deuda si China comienza a vender bonos estadounidenses. Sin embargo, este riesgo no es tan preocupante. Del conjunto de treasuries en circulación, que ascienden a 17,6 billones de dólares, China acumula 1,1 billones, es decir, un 6,4%. Como máximo, ha llegado a poseer el 12,1% (julio de 2011). Por tanto, los inversores no deben temer graves movimientos en estos activos. P