La salida de flujos de inversión en los mercados emergentes ha continuado en los últimos meses, aunque a un ritmo menor que en 2014. De hecho, y según los últimos datos de BlackRock, tras cinco meses consecutivos de reembolsos, los ETFs de esta categoría registraron en febrero suscripciones por valor de 2.700 millones de dólares. Es cierto que la llegada de dinero nuevo se ha centrado en China e India, pero también señalan un ligero cambio en la tendencia general.
"Es normal que los emergentes sufran salidas de fondos porque la apreciación del dólar castiga sus economías, tanto en el frente de la financiación (encareciéndola si está denominada en dólares) como del crecimiento (PIB)", explican desde el departamento de análisis de Bankinter.
Los expertos recuerdan que las economías emergentes se ven actualmente lastradas por una serie de factores que impiden que su aportación al crecimiento global sea parecido al de los últimos 20 años: desequilibrios internos, ausencia de reformas estructurales, fuertes déficits por cuenta corriente o elevados niveles de inflación, que imposibilitan, en muchos casos, la aplicación de políticas monetarias acomodaticias que dinamicen sus PIBs.
Con este contexto, y mientras Wall Street y las Bolsas europeas viven en zona de máximos, el índice MSCI Emerging Markets cotiza un 20% por debajo de los máximos precrisis y, a pesar del empuje de China e India, se ha quedado rezagado del conjunto mundial en más de un 50% desde finales de 2010, según datos de Reuters.
Las expectativas no son lo suficientemente optimistas como para volver a estar en el foco central de los inversores. Sin embargo, también hay sesgos positivos que deben ser seguidos muy de cerca para no dejar escapar el futuro repunte en estos mercados. Al fin y al cabo, los emergentes siguen representando un mayor crecimiento que los desarrollados a escala global. En su último informe de estrategia semanal, los expertos de Andbank señalan además otros factores positivos. "El mayor carry que ofrecen los países emergentes como consecuencia del diferencial de tipos existente frente a los países desarrollados, supone un mayor atractivo desde el punto de vista de las yields", por no hablar del mayor apetito por el riesgo ante un entorno de tipos en mínimos en los desarrollados que está obligando a los inversores a apostar por alternativas menos tradicionales.