La tendencia en el mundo de la formación conduce a la especialización. Sin embargo, los planes de estudios son amplios y tratan de cubrir espectros de habilidades amplios. En ocasiones, este aprendizaje dificulta el éxito para quienes deciden emprender.
Tienen conocimientos sobre materias diversas que les impiden enfocarse en donde son más hábiles o en donde la oportunidad de mercado es más interesante. Alejandra Sastre, experta en mentoring y creadora de un programa para ayudar a emprendedoras a dar lo mejor de sí, explica que ese es uno de los problemas de quienes buscan su ayuda.
«Cuando se emprende por necesidad, a veces se piensa en chiquito y en el corto plazo». Este razonamiento les impide saber qué necesitan, la estructura que debe tener su negocio para funcionar o la estrategia que deben seguir para obtener los mejores resultados posibles.
«Mucha gente empieza y a las tres semanas, a los tres meses o al año cierran porque no saben por dónde empiezan los tiros», avanza Sastre. Por ello, para esta experta es fundamental a quién se dirige un servicio y qué es lo que se puede ofrecer. En ese sentido, una parte importante del trabajo de Sastre consiste en identificar los puntos fuertes de sus clientas y cómo deben enfocarse para rentabilizar al máximo esos puntos fuertes.
De hecho, la propia propuesta de Sastre, que cuenta con expertos en diversas áreas, también tiene un foco propio. En concreto, se dirige a mujeres emprendedoras de más de 40 años. «Hay gente que viene que sabe de tantas cosas que al final no sabe de nada», explica Sastre. Por ello, «empaquetan» esos conocimientos y tratan de extraer lo mejor de cada una de las cosas que estudiaron sus clientas, de modo que les resulta «más fácil posicoinarse en el mercado como experto o especialista en un área determinada».